La alegría y el coraje de Umaro Okelo

Queridos amigos,

Os quiero contar la dura historia de Umaro Okelo, pero haciendo hincapié en la parte bonita de la misma. Y os quiero contar como el mundo de las escuelas ha reaparecido de nuevo en mi día a día.

Umaro no es un amigo porque no le he podido dedicar el tiempo que se le dedica a un amigo y no lo tengo cerca; él anda muy liado en rehacer su Vida, y yo en atender los diversos frentes que tengo abiertos. Admiro mucho a Umaro Okelo y he decidido apoyarle en lo que pueda; él ya ha empezado a ayudarme a mí, no sólo trabajando conmigo, sino con su testimonio, se lo debo.

Su padre era nigeriano y vino a trabajar en las minas de Lunsar. Desde entonces vive en Labour Camp, una aldea que fue creada para los trabajadores de minas hace decenios y que hoy se cae de desidia y miseria. 

Labour Camp ha sido una de las primeras aldeas afectadas en la zona de Lunsar, más de 100 personas murieron en ella, cuando el ébola les visitó, uno tras otro, y sin saber que les estaba pasando; fue hace ya unos cuantos meses, en esa época y en ese lugar atribuyeron esas muertes continuadas a una maldición, cosa de brujas…por tanto no había nada que hacer. Dios sabía quien moriría y quién no, por ello, efectivamente, no había nada que hacer.

Cuando Labour Camp fue arrasada por esta “nueva peste”, hileras enteras de casas estaban vacías, mientras otras estaban en cuarentena. Las menos seguían su vida normal.

A Umaro Okelo, superviviente del ébola, lo contratamos durante 2 meses seguidos para supervisar casas en cuarentena. Su condición de superviviente era requisito sine qua non para que trabajara con nosotros en este proyecto que quiere ayudar a la gente en cuarentena en esta época de ébola.

Primero trabajó en Masiaka, supervisando a 44 personas de 4 casas que estaban juntas. Luego lo trasladamos a Makambari, a hacer lo propio en otras dos casas, con 12 personas. De ahí a Masinkra, 4 casas con 39 personas, y por último a Mayira, 4 casas con 21 personas.

Cuando terminó de supervisar las casas en cuarentena en Makambari lo pasé a recoger para llevarlo a Masinkra, en ese pequeño viaje tuve la oportunidad de hablar largo y tendido con él. Qué testimonio! Le pregunté cuál había sido su experiencia concreta sobre el ébola

Su joven esposa embarazada y su hija de 5 años murieron de ébola; me lo contó como si su mujer y su hijita vivieran aún, me contó como las quería, se le iluminaba la cara. Él mismo y varios familiares también contrajeron la enfermedad, pero todos ellos sobrevivieron. 

Le aconsejé que no utilizara bien el dinero que estaba ganando supervisando casas en cuarentena, a lo que me contestó: todo el dinero que me habéis pagado lo he invertido. En Makambari, donde he estado trabajando no había lugar donde recargar el móvil,  así que tenía que mandar a alguien a Masiaka y que lo cargara allá, lo que me ocasionaba un gran gasto cada día. Con el dinero que me pagasteis de mi trabajo en Masiaka he comprado unos sacos de cemento y también unas planchas de zinc para el techo; voy a construir un “Charging Center” (centro de recarga de móviles) en Makambari que va a beneficiar a la comunidad y que a mí me va a dar unas entradas de dinero para poder seguir estudiando. Ahora con el dinero que he ganado en Makambari y el que ganaré en Masinkra voy a comprar un pequeño generador y pondré a uno de mis hermanos al frente del charging center. Umaro habla con ilusión, está comenzando de nuevo, la Vida sigue.

Umaro tras trabajar en Masinkra lo hizo también en Mayira, lo que le posibilitó ahorrar más dinero todavía. Luego estuvo un mes sin trabajar con nosotros porque toda esa zona quedó libre de ébola. Pero hoy lo he llevado de nuevo a la zona de Mile 91, el ébola ha regresado; hay 3 nuevas casas en cuarentena en el pueblo de Rongola y otra en el pueblo de Magbla; dos pensamientos llegaron rápidamente a mi:  qué lástima por esa gente; voy a llamar a Umaro Okelo para que trabaje de nuevo.

Este hombre es risueño, bajito, decidido, con personalidad; es un negro con una dentadura bien blanca. Habla con fuerza y habla de manera muy positiva, él es consciente de que no pasa desapercibido, deja un rastro de positividad allá donde va, lo he comprobado.

He presenciado a Umaro despidiéndose de las personas que estuvieron en cuarentena y a las que él estuvo atendiendo con su trabajo. Todos se despedían de él con un cariño especial. En Masiaka le despidieron muy cariñosamente pero no presté mucha atención. Fue en Makambari cuando vi a algunas señoras llorando al despedirse de él, yo no daba crédito; pero luego ocurrió lo mismo en Masinkra y en Mayira.

Hace un par de semanas Okelo me llamó para decirme que se encontraba en Freetown comprando el generador y que se había puesto en contacto con father Katter para pedirle que fuera a bendecir su nuevo “charging center”, se me hizo un nudo en la garganta; él estaba emocionado y yo también, la verdad. 

Hoy he visitado su charging center, me ha gustado, muy sencillo, le está yendo bien.

Es bueno compartir estas “pequeñas” historias, porque son grandes, porque lo cambian todo. Umaro sigue siendo un hombre alegre, positivo y con coraje, a pesar del sufrimiento que lleva dentro.

 

DE NUEVO EN EL MUNDO DE LAS ESCUELAS

A medida que el ébola va disminuyendo y con ello mi trabajo al respecto, sin querer, como la cabra salvaje tiende a la montaña, yo me he ido liando con varias escuelas.

La escuela de Rosint ya está en marcha. El terreno fue allanado por los chinos que construyen la carretera; la comunidad de Rosint les pidió que metieran gratuitamente sus máquinas y lo hicieron. La comunidad fue a sacar arena del rio y trajeron piedras. Ya andamos por los cimientos. Va a ser de nueva construcción, 3 aulas, almacén y oficina, y 6 letrinas en 2 edificios diferentes, para niñas y para niños. Nuestro acuerdo con la comunidad es que si trabajan poco entonces serán dos aulas, almacén y oficina; si trabajan bien pues 3 aulas; y si trabajan muy bien entonces letrinas y los muebles de la misma. Esta escuela está financiada por Africa Directo, gracias!

La escuela de Kakayoh fue mi primer Amor, en la época en que trabajé para los Agustinos Recoletos en el 2008/2009. Gracias a todos vosotros estamos construyendo en estos momentos tres habitaciones que van a ser el headquarter de los profesores y acabamos de construir las letrinas. Pretendemos rehabilitar la escuela en breve, para “empezar de nuevo” con la escuela de Kakayoh. Por otro lado hace ya un año que estamos apoyando a dos maestros de Kakayoh en la universidad, en el programa de maestros. Todo esto va a ser una “gran salto” cualitativo en la educación de los niños de este pueblo y pueblos vecinos.

La fundación Atabal nos ha ayudado a construir los muebles de la escuela de Kakayoh y de Kasetinty, que hemos construido estos pasados meses. De nuevo gracias!

Por otro lado la Asociación Redolí, de Castellón, de la que mi amiga Ana es miembro, nos ha donado 2.500 euros, que vamos a destinar a fortalecer la pobre escuela de Karemuia; una escuela de barro y palos, llena de anárquicos y preciosos niños. Con esta ayuda los niños no correran el riesgo de que se les caiga la escuela encima y por otro lado durante la época de lluvias podrán seguir con sus estudios. Es una gran ayuda, para esta pequeña enorme escuela. Gracias!

Finalmente quiero dar las gracias a todos nuestros amigos que nos ayudais a sacar todos estos trabajos adelante con vuestras donaciones, sin ellas no se podría hacer nada. Hemos podido juntar 20.000 euros y ponerlos a disposición de las Misioneras Clarisas para que empiecen a construir la casa de voluntarios que tanto necesitan para atender la Clínica que tienen en Mile 91. La casa costará unos 40.000 euros, gracias a vosotros ya tienen la mitad. El tema es comenzar la construcción, una vez puestos en marcha la acabaremos. Esta casa de voluntarios es necesaria para atender esta Clínica que desde 1984 da un servicio impresionante a la gente de MIle 91 y de las aldeas vecinas y que durante esta época de ébola ha seguido funcionando.

Cuando me despisto un poco, sin querer, me pongo a construir escuelas…jajajajaja!!!!!

Abrazos queridos amigos, y mil gracias por vuestro apoyo!

Coco

Karemuia
Algunos niños de Karemuia
charging mobiles
Cargando móviles
charching center
El generador y el charging center
Elisa Padilla
Elisa Padilla, Superiora de la Clarisas
Karemuia
Karemuia
Kakayoh
Letrinas de Kakayoh
Escuela de Rosint
Cimientos de la Escuela de Rosint
Kakayoh
Muebles de Kakayoh
Kakayoh
Nuevas letrinas en Kakayoh
Escuela de Rosint
Escuela de Rosint y el Padre Pepe
Umaro
Umaro, a la derecha
Umaro en Rongola
Umaro en una casa en cuarentena en Rongola

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