Tuve hambre y me distéis de comer…

Fundación Atabal ayuda a los Salesianos de Don Bosco en muchos proyectos, y Peli y Pedro me invitaron a acompañarles a conocer en Freetown algunos de los proyectos que esos religiosos, con el padre Jorge Crisafulli al frente, sacan adelante.

Visitamos la cárcel de Freetown, donde viven en condiciones terribles 2142 presos en un espacio pensado para algo más de 300. Don Bosco les ha proporcionado un sistema de agua, letrinas, un aula informática, material deportivo y ayuda a más de 200 presos en diferentes aspectos: salud, jurídico, reinserción en la sociedad, etc.

Compartimos 2 tardes con los chicos de la calle, a los que Don Bosco, al caer la noche, asiste cada día en las calles con la intención de iniciar un proceso de reinserción en sus familias y en la sociedad. Chicos normales, encantadores, llenos de vitalidad y con ganas de llevar una vida normal.

Una tarde nos reunimos con “chicas que trabajan en la calle”, nos contaban porque estaban en esa situación, sus problemas, enfermedades…Don Bosco les ofrece una alternativa de vida, estudios, talleres sobre diferentes aspectos; a algunas les ofrece un hogar, que también visitamos, para compartir con otras que están en la misma situación y quieren salir de ese terrible mundo.

También dirige Don Bosco otro hogar para “chicas que abusadas en sus casas”; igualmente lo visitamos, que trabajo.

Más trabajos que hacen en estos momentos: reconstrucción del barrio Angola, que se quemó; tienen acogidas a más de 200 personas en su casa, todo mujeres y niños que perdieron sus casas en los deslizamientos de tierra en agosto; unos 80 niños de la calle viven con ellos en un programa de 8 meses para reinsertarse…

Jorge, equipo de Don Bosco, Fundación Atabal y todos los que hacéis posible todo esto, un millón de Gracias por vuestra entrega, en vosotros se cumple el “tuve hambre y me diste de comer, tuve sed y me diste de beber, hambriento, preso…”.

Este pequeño/gran baño que me he pegado de la más cruda realidad del país, primero me ha “tocado mucho”, como no podía ser de otra manera, pero por otro lado y aunque pueda parecer extraño, me ha dado renovadas energías para volver al norte, a las montañas de Wara Wara, a seguir trabajando por los niños y la juventud, para que su futuro sea más digno…se lo merecen.

 

Abrazos a todos y gracias por vuestro apoyo,

Coco

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